Entre la inestabilidad, la dictadura y el librecambismo

Ante la presión del belcismo que acosó sin tregua su gobierno, el dictador convocó a un congreso que le aceptara la dimisión y eligiera a su sucesor, el congreso nunca se reunió, un golpe de estado (enero de 1861) protagonizado por sus más estrechos colaboradores, dio lugar a la primera junta de gobierno de nuestra historia, integrada por quien fuera su ministro José María Achá, el también ministro de origen argentino Ruperto Fernández y Manuel Antonio Sánchez.

La junta duró apenas tres meses, de ella fue elegido Presidente el Gral. Achá quien tomó el mando en mayo de 1861. La fuerte presión expansionista chilena en el Litoral, por la instalación de intereses chilenos y brasileños en la explotación del salitre, comenzó a generar conflictos de límites propiciados por Chile para copar la rica región salitrera y guanera de Mejillones.

Una intención de declaratoria de guerra del congreso boliviano impulsada por el patricio Rafael Bustillo no prosperó. En octubre de 1861 la acción represiva del Cnl. Plácido Yáñez que a título de sofocar una rebelión detuvo y encarceló a más de medio centenar de ciudadanos, entre ellos el expresidente Córdoba, terminó en una implacable masacre en la que fueron asesinados el propio Córdoba y más de sesenta militares y civiles.

Días después, Yáñez fue ajusticiado por una poblada que lo linchó en la misma plaza principal de La Paz. La política agraria tuvo un importante giro con el decreto de 1863 que apelaba a la legislación de 1825 y 1831, que reconocía la propiedad de la tierra por parte de los indígenas, aunque establecía que las tierras libres se podían subastar.

Los diezmos fueron sustituidos (1861) por un impuesto territorial. Después de las elecciones de 1862 que ganó en medio de acusaciones de fraude, Achá quiso convocar a elecciones libres en las que debían participar las principales facciones políticas, los “rojos” influidos por las ideas del linarismo y los populistas, fanáticos seguidores de Isidoro Belzu.

La ascendente figura del Gral. Mariano Melgarejo, hombre violento, primario y de impulsos temerarios, con fuerte ascendiente en el ejército, culminó en diciembre de 1864 con la toma del cuartel de los húsares que desató la rebelión total y la caída de Achá. Melgarejo gobernó seis largos años.

Más allá de sus características personales que implicaron la aplicación de la arbitrariedad dictatorial y la frecuencia de episodios bochornosos transformados en insólitas anécdotas que han hecho historia, Melgarejo fue respaldado por la elite minera en pleno ascenso, aplicó de manera franca una política económica librecambista con libertad plena para las exportaciones.

Ejercitó una política agraria que marcó la destrucción sistemática de la propiedad de las comunidades originarias, que había respetado incluso la colonia española. En 1866 estableció que las tierras debían consolidarse mediante un pago de entre 25 y 100 pesos, si este pago no se cumplía, las tierras indígenas pasaban a propiedad del estado en un plazo de sesenta días.

Esta determinación fue el comienzo del más grande despojo de tierras de comunidad en toda la historia republicana. La espectacular expansión del crecimiento mundial y los cambios tecnológicos trajeron consigo un impacto directo de inversión externa en la costa boliviana, lo que determinó que por primera vez un gobierno boliviano recibiera ofertas concretas de inversión que implicaban concesiones de derechos y aún de territorio a cambio de ingresos sin antecedentes en las rentas del país, estancadas por décadas.

Esto condujo al nefasto tratado de 1866 en el que Bolivia aceptaba la explotación conjunta con Chile recibiendo al 50 % las riquezas obtenidas que eran bolivianas en su integridad. En 1867 firmó con Brasil un tratado por el que cedía el acceso directo al río Madeira y perdía una superficie de casi 300.000 km2. A favor de este gobierno hay que reconocer la inserción de maquinaria de vapor, por ejemplo en el trabajo de la Casa de la Moneda de Potosí.

En 1865 se produjo el mayor levantamiento contra Melgarejo, liderado por Belzu quien logró copar La Paz y tomar triunfante el palacio de gobierno donde se hallaba Melgarejo. En un confuso episodio, Melgarejo o uno de sus hombres disparó contra el caudillo triunfante y lo asesinó, revirtiendo la situación en su favor, lo que le permitió mantenerse en el poder hasta 1871.

La extrema violencia de Melgarejo que había sido acompañado por su “super ministro” Mariano Donato Muñoz en la aplicación de su política económica, terminó por aislarlo totalmente. En noviembre de 1870 se produjo un levantamiento comandado por el Gral. Agustín Morales y el Dr. Casimiro Corral.

Tras largas escaramuzas, en enero de 1871 Melgarejo fue derrocado y Morales accedió al mando. Morales, hombre de carácter inestable, condujo una política plenamente liberal en el tratamiento a la minería, al punto que anuló el monopolio del estado en la exportación de la plata, cuya importancia era cada vez más creciente en la economía nacional.

Eliminó la moneda feble que el estado había mantenido desde los tiempos de Santa Cruz y como consecuencia de ello creó el Banco Nacional con el objetivo de reorganizar el sistema monetario nacional.

La política agraria de Morales por iniciativa de Casimiro Corral, revirtió las disposiciones de Melgarejo. En 1871 se restituyó la propiedad indígena, sin trámites ni pago alguno, tal como estaba antes de los decretos de Melgarejo. La medida duró poco por las determinaciones de los sucesivos gobiernos liberales.

Como otros muchos gobiernos de facto que le antecedieron, Morales hizo aprobar una nueva Constitución (1861) y convocó a elecciones que ganó.

En 1872 su sobrino Federico Lafaye, a quien había vejado en el salón rojo de palacio de gobierno, le descerrajó dos tiros y le quitó la vida. Reunido de emergencia, el parlamento nombró Presidente constitucional interino a Tomás Frías. Frías, cuyo espíritu legalista era muy evidente, aceptó el mando con el único objeto de convocar a elecciones generales y gobernó solo cinco meses.

Las elecciones de 1873 fueron las primeras en la que realmente puede hablarse de pluralidad. Aunque el sistema electoral era de voto restringido -no podían votar las mujeres ni los analfabetos y no podían ser electos quienes no tuvieran una determinada renta- hasta entonces las elecciones habían sido un simple formalismo para legitimar gobiernos de facto o respaldar a los candidatos oficiales.

Compitieron el Cnel. Adolfo Ballivián y el Dr. Casimiro Corral. Sobre 16.674 votos emitidos, Ballivián obtuvo el 38,6 % y Corral el 33,7 %. Por primera vez el parlamento tuvo que elegir Presidente al no haber obtenido ninguno mayoría absoluta. Los congresales ratificaron el triunfo por mayoría relativa de Ballivián.

En este breve periodo se ratificó un tratado secreto de defensa entre Bolivia y Perú que se había negociado en 1872 y que sería clave en el conflicto que se avecinaba. El mandato de Ballivián fue breve, un cáncer acabó con la vida del Presidente apenas ocho meses después de haberse posesionado.

Representante de la elite criolla, el Presidente buscó obtener un crédito en Europa que le permitiera reestructurar la diversidad de deudas contraídas por anteriores gobiernos. Uno de los objetivos era también comprar dos blindados que pudieran inaugurar la armada boliviana sin presencia alguna en el Pacífico, ambas ideas fueron desechadas por el congreso que fue cerrado por el Presidente.

La caída de la plata ante la creciente adopción del patrón oro, condujo a eliminar casi todo gravamen sobre este mineral, favoreciendo los intereses de los empresarios mineros. A la muerte del Presidente volvió al mando Tomás Frías por el mecanismo de sucesión establecido en la Constitución, que hacía Presidente al presidente del consejo de estado.

Frías enfrentaba una debilidad intrínseca al no contar con el respaldo militar y al no estar totalmente integrado con las elites de la minería, pero en lo relativo al problema agrario la posición de su gobierno ratificó el carácter de las leyes de Melgarejo.

En 1874 sobre el argumento de la necesidad de modernizar y mecanizar la producción agrícola del país, en el más puro ideario liberal, Frías ratificó la propiedad indígena, pero estableció el concepto de propiedad individual, la necesidad de refrendar esa propiedad con un título, su capacidad de venta y transacción y la instalación de una revisita que establecería las características exactas de propiedad.

Durante todo este periodo se ofrecieron inversiones en el Litoral como el contrato Church o el López Gama para la construcción de un ferrocarril o la supuesta inversión de dos millones de libras esterlinas, que nunca se concretaron. Las concesiones de explotación minera en la mayoría de los casos no reportaron beneficio alguno al estado y fueron frecuentemente negociados.

Cuando se preparaban elecciones para 1876, el Gral. Hilarión Daza que había sido protegido de Frías desencadenó un golpe de estado y se hizo del poder. Frías dejó el mando sin oponer resistencia alguna.